jueves, 11 de diciembre de 2014

Homenaje




Éste tenía que haber sido un post alegre, de retorno a la blogosfera tras casi un año desaparecida. Iba a enseñaros algunas de las cosas que he hecho durante este tiempo, y lo que estoy haciendo para Navidad, un nacimiento de amigurumi.

Sin embargo, he preferido dedicar la vuelta a una de las personas que, sin saberlo ella ni yo, quizás más me haya influido como tejedora, y lo poco que hay en mí de costurera. A ella, a mi abuela, como a mi madre y a mis tías, la he visto toda la vida cosiendo, haciendo ganchillo, punto...

Mi familia materna es una familia de mujeres; estas mujeres extraordinarias llevan desde hace años el peso de la familia, nos reúnen, cocinan para todos como si fuéramos un batallón (que lo somos) y han tejido y cosido para todos desde mucho antes de que yo tuviera uso de razón.

Las hijas y nietas de estas mujeres extraordinarias tenemos un ajuar hecho a mano por ellas digno de una princesa del siglo XIX. Tengo sábanas, mantelerías, una colcha de ganchillo, delantales, toallas... Algún día enseñaré estas maravillas en el blog.

Desde que éramos pequeñas, mi abuela se empeñó en que aprendiéramos a hacer alguna de las labores que ella dominaba durante los veranos que pasábamos en el pueblo, y empezó por lo más fácil, el punto de cruz. Mi labor, por llamarla de alguna manera, siempre era la peor, la más sucia... cómo odiaba aquel rato de labores. Quién me iba a decir que años después volvería a las agujas, los ganchillos... Por eso creo que en parte le debo a ella el haber aprendido, por haberla visto toda la vida. De hecho, una de sus últimas labores fue mi bufanda roja, mi querida bufanda roja hecha por ella.

Abuela, hoy hace una semana que te fuiste, pero siempre estarás en mi corazón.



3 comentarios:

  1. todo os lo hizo con mucha ilusion y se q lo guardais con mucho cariño,ella estaba muy orgullosa de todos vosotros

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